Hablemos de círculos cerrados.
De caminos donde ya no hay entrada ni salida, simplemente existe el recuerdo.
Hecho el cierre a mi esperanza y a tu labia.
Tu has hecho de mi piedra, has hecho de esto un camino largo
sin conocer muy bien la razón de esta lucha gratuita.
Bien sabía que llegaría el día en el que escribiría un sencillo adiós,
sabía que algún día tendría que darle tregua a mi persona
sabía que tu mismo te proclamarías perdedor dejando paso a mi orgullo.
Conocí el pensamiento dependiente, a uno único
y ahora me toca darme cuenta que mi brazo a derrotado al tuyo
que se sitúa sobre el tuyo, el cual roza la superficie de la mesa,
y ahora es cuando oigo:
- Ey chica, has ganado el pulso.
Y aquí es cuando mi orgullo se proclama ganador,
vencedor de un miedo que no le correspondía,
aquí es cuando saborea la victoria,
cuando se siente orgulloso de llamarse valiente
y sobre todo vividor y dueño de una vida sola,
una vida sin derramar lágrimas por miedos de otros,
por cobardía.

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