Te escondería. Te mataría por instantes. Quemaría esa parte de ti a la que odio con tantas ganas.
Tiraría a la borda todo, si me tuviese que quedar con esa media hora de orgullo y estupidez.
No te atreves a ponerte en frente de la verdad, te quedas con lo malo como si eso fuese necesario, y parece
que no te das cuenta ni un poquito de que ya sea a tu lado o en frente hay alguien que no deja de mirarte, de observarte y no es por otro motivo que el de buscarte, buscar ese "algo" del que me aferre hace tiempo.
¿ Sabes cuál es el problema ?
Que tu solo has ido haciendo trocitos ese "algo", quisiera decir por miedo, pero seguro que es porque quieres.
El problema es que todas las ganas terminan, y terminan cuando tu no sabes usarlas ni sabes jugar con ellas.
El problema no lo busqué yo, si no que tu lo pusistes delante mía y no me dejastes esquivarlo.
El problema es que yo se que tengo la conciencia bien limpia, pero para nada clara...
El problema, mi problema, es que me cuesta, porque se que ni se te pasará por la cabeza pararme, ni buscarme, ni mucho menos enseñarme ese "algo"...
Ahora preguntarme si soy amiga del orgullo, decirme que lo he hecho mal, pero lo que he hecho realmente mal es alimentar mis ganas yo misma.
Creo e intento poner un punto y final a todo esto; todo esto que no es nada.
Y sí, escribo todas estas cosas que realmente pienso un día como este, un ocho de enero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario