Te han cosido una pequeña cremallera en tu boquita de piñón. Sientes un gran vacío entre tus palabras y el aire. Las personas no cambian, pero el tiempo si consigue que sean diferentes. Logran el transformar a una persona. Y todo se vuelve del revés, quien era antes el mambo de fiesta, ahora es invisible; al que antes le reían las gracias, ahora las replican; el que antes formaba parte del grupo, ahora esta rodeado en otro ambiente.
Y es que es vivir en tu propia burbuja, dónde te has acostumbrado a moverte en ella. Desayunas, meriendas, y cenas, no sostiene ningún ruido, está aislado de cualquier sonido. Vives, duermes y descansas en ella. Anda sola, tu pones la dirección y vas, e intentas que la música te sirva de compañía. Quizás sea de cobardes, el no coger una aguja y mandar por saco a un trozo de plástico que te rodea, pero lo siento, ya será otro día el que me llene de valentía, pero la valentía a conseguido que ahogue todas mis esperanzas en recurrir a las palabras. Soy como un mar que no lleva olas, un avión que no deja rastro, un verano oscuro, es cómo un timbre que nadie oye. ¿ Existirá la llave que abre esta boca, para poder salir de aquí dentro ?
No se, pero aún teniendo las 24 horas del día libres... no doy ni un segundo de mí en ello.
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