La locura envuelve tu cuerpo, pero consigues controlarlo y sientes el control de la situación, pero...
el calor te supera, es como si las agujas del reloj comenzaran a girar a 40 por hora. Es algo anormal, puede ser pasión, pero de un momento a otro, ya no existen los límites del principio. El roza tus piernas, tu acaricias su espalda, y todo comienza poco a poco. No piensas en las ataduras que tenías, solo en que está a 2 centímetros de tí, y va siendo complicado cambiarte de sitio para evitarlo. Pero consigue atraparte, consigue que comiences a jugar a ese juego tonto al que te ha invitado a jugar. Va siendo una tontería, un tonteo tonto, pero ha conseguido que llegue a la sensación de felicidad, consigue ganarme y no lo puedo evitar.
Me muerdes, te muerdo, juegas, destrocemos el sofá, cantemos hasta que no suene más música. Agárrame, me encanta oír como me dices que nos durmamos como unos enamorados a las 12 del medio día. Y que no me dejes marchar aunque tu padre esté a punto de entrar, solo para volver a entrar en esta locura mañanera. Sin más, al marcharme me digas siempre seremos amigos, pero nos podamos regalar estos caprichos.
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