El que ama no sabe por qué mira sin saberlo, no sabe por qué un instinto no le deja parar de acariciarte. El que ama nunca perderá a una mirada, nunca bajará la mirada para no llegar a perderlos, sí hablo de tus ojos, siempre esperará a ver qué pasa después porque puede que se le alegre el alma cuando esa mirada note que es la culpable de un beso inesperado, por ser la responsable de hablar por los ojos...
Nunca entenderé por qué razón vives tú más horas de mi vida que yo. Eres tan inesperado para el tiempo que hasta él se pierde contigo. Eres rápido por el día en el que pasas y eres tan lento en los días en los que nunca apareces, qué egoísta el destino y que capulla la suerte, pero que ciego está el karma que apunta a quién su cuerpo tiene sonrisa y su alma llora de noche.
Como cuando sientes que te hieren y te da igual.
Esto es un amor de esos en los que sufres al amar. Ya he experimentado la punzada de mil dardos de distintas direcciones. La experiencia del que ama. La inocencia del enamorado que nunca baja la mirada y siempre mira de frente al que le arrebata el sueño para vivir en él, porque siempre ha querido estar vivo sin estar, puto beneficiario, y que ganas de matar de un tiro al egoísta.
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